Iconosfera, logosfera

Iconosfera, logosfera
No todo se puede ver

Iconosfera Logosfera

Iconosfera Logosfera
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Proceso lector

Proceso lector
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Mi tío el moralista

Mi tío el moralista
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yo no soy como usted

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El chirri y la fulana

viernes, 19 de febrero de 2010

Iconosfera, logosfera...

Me llama la atención de manera amplia el concepto que Joan Ferrés esquematiza en la saturación de los estímulos. Es ahí, donde afirma que “la cultura audiovisual suele ser una cultura de la hiperestimulación sensorial”. Creo rotundamente en que vivimos la época de la sensación. Ahora, esta sensación es insinuante desde todo punto de vista. También pienso que no soy un individuo moralista. Pero, lo que no sé puede negar es que los medios de comunicación manipulan las mentes de las sociedades a través del estímulo a los instintos. Hace mucho que no veo la televisión. No es porque me lo pase leyendo todo el día. Sencillamente es porque en mi casa mi viejo televisor alcanza a recibir tan sólo como unos siete canales. Confieso que me da pereza esperar hasta las diez de la noche para ver el ciclo de cine que pasan diariamente por Señal Colombia. Además mientras están dando las novelas de la noche, yo veo los libros sobre la mesa.
Ahora, si vinieran a hacerme una encuesta en donde me preguntaran sobre ¿qué pienso de la programación de los canales privados? Diría con toda la sinceridad del mundo que la televisión colombiana apesta. No sé la extranjera. Ya dije que mi viejo televisor está en el auge de su crepúsculo.
Ahora, hace una semana llegué por las casualidades de la vida a casa de Papá. Venía de la Universidad. En la casa se respira una aroma leve a soledad. Allí, siempre me encuentro con el mismo espectáculo. Es el mismo cuadro espeluznante de todas las noches. Todos miran el televisor como si este les brindase el sueño más apacible que pudieran encontrar en la tierra. Nunca se percatan de mi llegada. Es como si llegara un fantasma sin metafísica. Yo sé que no soy importante. No se me antoja serlo. Pero es que es increíble el hermetismo de los rostros. Por ejemplo estoy seguro que un ladrón entraría a la casa. Lentamente se dirigiría a la nevera. Tomaría yogurt con galletas. Miraría a la familia es su hipnotismo. Se llevaría el portátil de Carito, la nevera de mi abuelo, los viejos discos de Maná, a María José, la bebe de tres meses, mi casi sobrina. Pero jamás podría llevarse el televisor. El forjador de sueños. De pronto se lo llevaría pero tendría que cargar con los cadáveres de la familia. Seguramente.
Una vez con pena salude.
-Buenas noches familia.
Era incomodo sacarlos de su orgasmo. Papá masticaba el chicle desde hacía dos horas. Sus brazos descansaban entre sus piernas cansadas de tanto mendigar trabajo por las calles. Para mi prima el mundo no existía. Es posible que en ese momento el mundo fuera el irreal galancito de la telenovela de las diez p.m. Rompiendo mis principios tomé asiento para compartir con mi hermosa familia del frívolo ritual.
Las actrices eran todas como Remedios la bella. Es en serio. Ninguna era gorda. Todas tenían rostros perfectos. Más buenas que el pan como lo dirían los muchachos. Los tipos que actuaban parecían europeos con acento paisa. De esos que crean, muy suavemente, en las señoritas la sensación de orinarse.
En esa noche ansié desesperadamente ser uno de los protagonistas de la tele-tontería. El tipo era estudiante de esas universidades privadas a las que por lo general no van los pobres. No sé si por falta de plata o de inteligencia. De alguna manera lo que más envidié del personaje ficcional era que salía con la veterana con que todos los muchachos de mi edad quieren salir. No sé si usted se halla encontrado con esa clase de señoras en los centros comerciales. Llevan bolsas de tres o cuatro almacenes de famosos diseñadores, con zapatos y vestidos caros. Irónico es verlas pasar con las hijas. Parece que las adolescentes fueran las otras, las menos deseables. Es posible que no terminen con la hermosura de sus madres a menos que paguen millones a los cirujanos. A menos que consigan un esposo que tenga conexiones fuertes con el narcotráfico. A menos que a su padre por tenerlas no lo metan preso antes que la doncella cumpla los quince.
Creo que no seré, infortunadamente, el desahogo de una señora millonaria y hermosa. ¡Qué dolor! No me imagino con una veterana montado en una camioneta de ciento treinta millones de pesos. En el vehículo hacen un porro. Es increíble. Camioneta, veterana, guarito, hierva, sexo, juegos de poder, orgasmo. Todo intrínseco. Todo se precipita al instante. El observador no crea imágenes en su mente. Todo se le está dando en la bandeja del no-piense. Está prohibido.
Yo siempre con mis utopías. Ahora bien, permítame pensar en algo. Tenga la delicadeza. Si un día el indeseable fantasma llegara a casa de papá sin tener que pisar el cable que va desde el cráneo de los espectadores hasta el televisor, y en vez de esto se encontrase a su canoso progenitor con una vieja edición de Cien años de soledad entre las manos, ¿qué sería del mundo de este viejo? ¿Qué sería de su capacidad racional? ¿Sería que en algún momento podría hablarle de la iconosfera y la logosfera, sin temor a que no me comprendiera? ¿Qué sería de nuestras conversaciones? ¿Qué sería de nuestras relaciones? Esta conjetura puede no tener sentido Además, no creo ortodoxo encajar a las gentes dentro del universo, sé que cada efímero hombre es un efímero universo.
Iconosfera, logosfera, estimulación del instinto, estimulación de la mente racional, estimulación de la mente sensorial. Sólo me gustaría ver a mi viejo leer un libro con el sosiego con que ve la televisión todas las noches. Me gustaría que replanteara su forma de escaparse de la realidad.

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