Era increíble ver mi zapato izquierdo con su costado abierto y su piel agotada de tanto andar por ahí, entre las calles de cemento, que son tan calientes por estos días. Lo había comprado hacía como unos veinte meses. En ese entonces el zapato parecía un pedazo de cielo que venía a envolver mi pie izquierdo, a mí que tan sólo era un mortal sin importancia colectiva. Con el tiempo había empezado a envejecer como todos los seres debajo del cielo. Lo llevaba puesto hasta para ir a los lugares más privados. Baños, moteles, el cuarto de Maria Paula, tan íntimo, evidentemente.
Recuerdo que ella me decía que los objetos se vuelven cómplices de nuestros secretos sin darnos cuenta. Por cuanto, algunos son la escenografía principal del hecho que se nos queda para siempre en la cabeza. Maria Paula me hace pensar en mi zapato viejo. La verdad no sé por qué. Por ejemplo, yo creo que la gente conjeturaba sus hipótesis morbosas acerca de la diferencia de nuestras clases económicas tan solamente con observar mi viejo zapato. Se podría deducir que en mi apreciación hay una exageración que evidencia la personalidad de un neurótico. Pero, es cierto, la gente nos miraba siempre con la sorpresa con que miran un fantasma.
Maria Paula murió hace unos días. La gente dice que se murió por un ataque de asma. Pero la verdad la sé yo. Murió por sobredosis del polvo que se metía en las narices cada vez que sentía mareo por tanto alcohol en las venas. No sé a qué horas perdemos la vida. Tan de un momento a otro. Mapu no volverá. Eso es claro. También es claro que en esos tiempos, ella no le prestó atención a mi forma de vestir. Que fue consecuente en lo que me decía. A ella no le importaba que mi zapato izquierdo estuviera roto. Ahora estoy aquí tirado en medio de la nada. Pienso en lo irónico de la vida. Qué tontería que haga un paralelo entre la joven mujer y mi zapato roto. Quizá sea porque ya ni el uno ni el otro volverán a existir de una manera palpable. La irreversibilidad del tiempo ya no permite la existencia de Maria Paula, ni la de mi zapato roto.
viernes, 19 de febrero de 2010
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