La muerte es una promesa dada desde el vientre de la madre. Nos asecha sigilosamente en medio de circunstancias divergentes. Ella es veneno, espanto, accidente, locura. Rodea la tierra. Derrama su vino negro sobre los hombres, los embriaga. Ella expulsa las almas de los cuerpos. En el último suspiro de los hombres llega a su orgasmo. Engendra cadáveres. Nadie está excento de sus besos, de sus caricias, de sus miradas. Algún día llegan. Irreverente, oportuna, impredecible se posa en medio de las esperanzas humanas en forma de palomas negras. ¡Negra mariposa que juegas en medio de jardines fríos e inmóviles! Oscureces los cielos, enturbias la visión de los mortales, dulcemente mortificas el alma. Acompañas al moribundo, te sientas a su lado, lo contemplas, te ríes, de cerca te ríes, le susurras al oído recuerdos de un pretérito que se congela con la venida de tu abrazo.
lunes, 8 de marzo de 2010
Descripción
La muerte es una promesa dada desde el vientre de la madre. Nos asecha sigilosamente en medio de circunstancias divergentes. Ella es veneno, espanto, accidente, locura. Rodea la tierra. Derrama su vino negro sobre los hombres, los embriaga. Ella expulsa las almas de los cuerpos. En el último suspiro de los hombres llega a su orgasmo. Engendra cadáveres. Nadie está excento de sus besos, de sus caricias, de sus miradas. Algún día llegan. Irreverente, oportuna, impredecible se posa en medio de las esperanzas humanas en forma de palomas negras. ¡Negra mariposa que juegas en medio de jardines fríos e inmóviles! Oscureces los cielos, enturbias la visión de los mortales, dulcemente mortificas el alma. Acompañas al moribundo, te sientas a su lado, lo contemplas, te ríes, de cerca te ríes, le susurras al oído recuerdos de un pretérito que se congela con la venida de tu abrazo.
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